Cannabis, Cultura, Industrial, Legalización

Cannabis 529 años en América

En México se tiene la creencia, que la planta de la cannabis es de origen nacional. Pero en realidad arribó al continente americano con viajeros europeos, a fines del siglo XV.

Existen indicios de que la planta viene de las faldas de los Himalayas desde donde, gracias a su adaptación y utilidad, se expandió por todo el continente y el mundo. Conforme crecían las colonizaciones humanas, la propagación económica y comercial, entre Oriente y Occidente.

Competencia por la conquista monetaria

No es descabellado confirmar, que, en la búsqueda de nuevos senderos comerciales, posteriormente a la Edad Media. Pudo tener lugar en gran parte gracias a la cannabis cultivada y usada, como el cáñamo. En la fabricación de textiles y cordajes, resistentes y confiables. Dichos productos, habilitaron la fabricación de embarcaciones. Por consiguiente, aptas para recorrer distancias, imposibles de imaginar en ese tiempo. Esto permitió que las nuevas resistencias europeas compitieran por la conquista monetaria del mundo.

Aún cuando en Europa, los hábitos psicoactivos de la cannabis eran conocidos. Si bien es cierto, limitados a prácticas paganas. En América, fue gracias a las culturas indígenas, pródigamente preparadas con el conocimiento botánico. Mismo que empezó a ser utilizado, con fines no industriales. Y que llevaron velozmente a su satanización, debido a que tales usos se relacionaron con prácticas idólatras de los pueblos nativos.

Practicas herbolarias y rituales

Sin embargo, debido a esta satanización para emplearla en rituales y herbolarios, fue que lo llevó a formular edictos que sancionaban las “prácticas idolátricas” con los pipiltzintzintli. Existió desde el siglo XVI, la pretensión manifiesta de plantar cáñamo, en lo que entonces se nombraba Las Indias. Este propósito es cierto en el total de edictos, reales órdenes y disposiciones, que durante dos siglos ubicaron el cultivo de cáñamo; en los territorios recién conquistados.

La propagación de la cannabis en el continente americano, así obtuvo un carácter sólidamente económico. En el caso de México, el cáñamo llegó primero con la marinería por el Océano Atlántico. Conforme prosperaban los lazos comerciales, con otras regiones del mundo (en la segunda mitad del siglo XVI). Empezó a llegar por el Pacífico la Nao de China, proveniente de Manila. Y con ello, nuevas variedades de la planta. Estas semillas empezaron a mezclarse, en la costa occidental de la Nueva España. Dando lugar a variedades famosas mundialmente, como: Acapulco Golden, Azorrillada Oaxaqueña o Punto Rojo de Sinaloa.

Importación y comercialización

Más allá de una disputa sobre los usos psicoactivos, los productos que se obtienen de la cannabis. Han estado desde ese tiempo entre nosotros y continúan vigentes, de muchas formas. En los pactos comerciales de México con América del Norte, la Unión Europea, Chile o Japón, los mercados de cáñamo están considerados bajo distintas particularidades: papel, textiles, cordajes, suplementos alimenticios, cosméticos, materiales de construcción, etc. Nuestras leyes, sin embargo, no toman en cuenta los distintos usos de la planta y sigue ilícita en su totalidad. Por esto, hoy nos vemos en una eventualidad en la que conseguimos importar y comercializar, los productos industriales del cáñamo. Sin poder producirlos de manera legal. Una restricción económica autoinfligida, que sin duda alguna es preciso analizar.

Industria sustentable

Es necesario señalar, en este sentido, que el cultivo del cáñamo. Presume una industria sustentable con el medio ambiente, que constituye una alternativa a productos y materias primas. Cuyo impacto negativo es destacado, como la deforestación provocada para la fabricación de papel.

Es sustancial, por lo tanto, hacer notar que la legalización de la cannabis, va mucho más allá del uso. Una reglamentación integral de la misma, facultaría al país iniciar una nueva industria. Con extenso potencial de desarrollo, del que podría verse beneficiado; el progreso de comunidades rurales. Ya es tiempo que el país haga a un lado los instintos morales, que importunan a la cannabis. Y admita que la planta, puede ser el nuevo prototipo económico que el país demanda, con urgencia.

Fuente: cbdnoticias