Cannabis, Cultivo

Como almacenar y conservar la cannabis

Al momento de cosechar, nos topamos con un montón de ramas, cogollos y hojas, además de embriagadores aromas. Ahora es momento, de secar y curar toda esa hierba. Para completar el proceso bioquímico, que dará los efectos de los cannabinoides. Al mismo tiempo que madurarán los agentes aromáticos y la clorofila se destruya.

Es un hecho que conocemos cuándo y cómo cosechar según los gustos y preferencias de cada individuo. Si es la primera cosecha, el cannabicultor puede experimentar si dispone de varias plantas de esquejes de la misma madre.

A base de dejar pasar unos días entre cada una de las cosechas y observar si hay cambios en la estructura y tricomas. Es necesario realizar una observación detallada, con lupa y anotar todos los detalles. Para tener datos precisos y herramientas para comparar y sacar deducciones.

La manicura

Una vez que se corte la planta por debajo del último nudo con flores. Si estamos al interior trabajando con plantas pequeñas o si la cosecha es de exterior con grandes contenedores. El tamaño del ejemplar normalmente, se vuelve poco manejable. Aun cuando se coseche en partes. Por lo general se separan las ramas, de las cuales algunas pueden tener el tamaño de toda una planta de interior. También estas son aptas, para ser separadas en partes y facilitar el manejo.

Una vez que las plantas estén “despiezadas” en ramas, se debe hacer un procedimiento para bajar la humedad. Y retirar, las partes no deseables para fumar. A esto se le llama “manicura”, algo similar a “pelar” los cogollos; dejándolos lisos y sin sobresalientes. Por experiencia, es recomendable utilizar tijeras con punta de tamaño mediano, afiladas y estrechas, (de tipo peluquería). Se comienza eliminando las hojas principales, que hayan quedado tras el despiece. Intentando cortar la base del pecíolo o rabito, que une a la hoja con el tallo. Repasando toda la rama, sin olvidar a las que sobresalen de la base de los cogollos.

Dosis terapéuticas

Este es el momento para observar los diferentes desarrollos, dependiendo de la zona de la rama. Y relacionarlos con la posición, que ocupaba la planta en el cultivo. De modo que podamos sacar conclusiones, de si las plantas estaban muy juntas o si eran demasiado altas. En caso de que las ramas bajas muestren flores sueltas y poco formadas.

Las hojas que cortamos suelen, ser inservibles para uso recreativo. Debido a que no poseen tricomas, y, por lo tanto, cannabinoides. En todo caso, se pueden usar como especia para dar sabor, o para preparar algún aceite, mantequilla para uso medicinal, ya que las dosis terapéuticas son bastante bajas.

A partir de esto, se pueden tomar dos opciones: colgar las ramas a secar sin más, o bien continuar la manicura. Algunos cultivadores prefieren, poner a secar en esa fase para terminar con la manicura. Tras el secado y antes del curado. La ventaja es que el secado es más lento y de cierta manera se protegen algunos de los agentes aromáticos.

Cogollos irregulares

Sin embargo, en la segunda fase la cannabis suele estar ya bastante seca y quebradiza. Incluso las hojas exteriores se encuentran plegadas, sobre el cogollo haciendo difícil el acceso. Por otra parte, las cabezas de los tricomas se desprenden fácilmente, por lo que al manipular las ramas se pierden parte de ellas. Debido a que las rozamos, golpeamos, etc. Ese polvo que se observa a trasluz al agitar una rama seca, está compuesto por diminutos trocitos de pistilos secos y tricomas. Además de, posibles cadáveres de insectos, polvo, etc.

Por experiencia parece ser más beneficioso, realizar la manicura completa a la hora de colgar para secar. Pues, aunque algo de resina queda en las tijeras, se puede recoger y fumar.  Y en todo caso la cantidad es menor, que la que se perderá si manicuras después del secado. También está la posibilidad de poner a secar y proceder a la segunda parte del proceso. Después de tres o cuatro días, cuando los tallos aún no “parten” y los cogollos han perdido un poco de humedad. Pero conservan la necesaria, para que los tricomas no se rompan. Esta opción puede ser válida, pero si la planta es muy resinosa tendremos problemas para retirar las capas exteriores de hojas.

Así mismo, tras la poda de las principales hojas, pasaremos a repasar cada cogollo. Cortando las puntas de las hojas y dar una forma “clara” al cogollo. Que no siempre es redonda u ovalada, puede tener formas irregulares al agruparse. Sobre todo, en las puntas. De lo que se trata, es eliminar la mayor cantidad posible de materia vegetal; sin cortar los cálices. Desde luego, estos “restos” se deben guardar, pues en este caso sí que portan tricomas. Con la densidad suficiente, como para poder obtener polen o incluso fumarlas.

Categorías morfológicas

Es útil tener disponible una cuchilla o “cutter”, o un recipiente con alcohol y gasas. El objeto es limpiar constantemente el filo de las tijeras. Ya que enseguida notarás como se va perdiendo el filo, hasta que prácticamente se arrancan las hojas. Aunque sabemos que, se desperdiciará la resina. Con un poco de esfuerzo, podemos ir quitando la resina de los bordes de la tijera. Raspando con una cuchilla y recogiendo las bolitas que van saliendo. Luego se pueden juntar varias bolitas y al final, pueden salir unos cigarros de este “pseudo charas” que proporcionan un efecto activo.

De igual manera se debe tener en cuenta, basado en la experiencia. La estructura que presentan las diferentes categorías morfológicas que hay en la cannabis. No nos referimos, a la variedad que hayamos cosechado. Sino a la morfología que presentan las sumidades florales, en cuanto a densidad de cálices, el grosor, el tamaño, el grosor de las hojas y la cantidad de glándula visible. Dependiendo de estos factores, lograremos una manicura más o menos “profunda”.

Manicura ligera

Ya que no podemos tratar igual a un duro cogollo índico, que un sativo puro fino y poco denso. Lo más seguro es que este último merme y se reduzca a nada después del secado. Esto también sucede con los cogollines de las partes inferiores, o si tuvieron poca luz o están poco formados. En estos casos es recomendable hacer una manicura ligera, eliminando solo las puntas de las hojas. Dejando el resto que después “abrigará” el cogollo, dándole forma y volumen.

La forma idónea de manipular (rama–cogollos), para hacer la manicura es siempre sosteniendo la rama entre dos nudos. De modo que se pueda mover fácilmente en varios ejes, girándola del lado; mientras con la otra mano “rasuramos” la superficie. Entre menos manipulemos los cogollos, será mejor.

El Secado

Se realiza, por diferentes situaciones. La principal es que la cannabis fresca o recién cortada, no se puede manipular fácilmente. No se puede picar, los porros se apagan y el sabor suele ser desagradable. Por otro lado, está presente la clorofila, responsable del sabor a “matojo”. Además, la mayoría de los cannabinoides se encuentran en su forma ácida (THCA, CBDA…), y requiere de tiempo e intercambio gaseoso para la descarboxilación.

Algo que seguramente es desconocido, es el hecho de que el CBN. No se encuentra en la planta fresca, sino que se forma después de un largo proceso de transformación y degradación de otros cannabinoides; tras el corte de la planta. De hecho, este descubrimiento lo hizo Ross y Elsohly en 1997, en la Universidad de Missisipi (Ross, S. A. And M. A. Elsohly, CBN & D9 THC concentration ratio as indicator of the age of stored marijuana samples , Bulletin on Narcotics, 1997, 50, 1-2: 139-147). Durante una investigación, cuyo fin era determinar el tiempo transcurrido desde la cosecha. Al analizar una determinada muestra de la cannabis narcótico, apta para el consumo.

De esta forma lograron establecer, una relación entre los niveles de degradación del THC. De una determinada muestra y sus contenidos en CBN; a temperatura y humedad controlada. Hoy en día se sabe que el CBN, tiene influencia en el tipo de psico actividad. Mas bien en la duración del efecto psicoactivo, regulando de alguna forma los efectos producidos por la combinación de THC y el CBD. Los otros cannabinoides “principales”.

Descomposición de clorofila

El secado perfecto sería, el que se logra dejando la cannabis con la humedad entre el 20% y 30% del que contenía en un inicio. En el periodo de entre 10 y 15 días, en total oscuridad. De esta forma se obtendrán cogollos de textura esponjosa, pero desmenuzables, pegajosos y con olor. El color de los trozos de la base, hojas que dejamos durante la manicura deberían haber tomado una tonalidad pálida o incluso amarillenta. Síntoma de la descomposición de la clorofila, primer paso para el olor y sabor en la combustión.

La merma de volumen será notable y dependerá de la variedad de la cannabis que estemos produciendo. Los cogollos se habrán apachurrado si es una línea índica o de altura, o se habrán afinado en caso de ser sativas dominantes o puras. Los tallos deberían quebrarse con un crujido sin esfuerzo, así como los cogollos “sólidos” se desprenden fácilmente. Momento exacto para hacer una cata, para apreciar el cambio que se producirá después de un buen curado. Es importante tomar notas, pues con el tiempo apreciaremos las diferencias para poder comparar.

El objetivo es conservar, un proceso lento en el descenso de la humedad. Otro 10% con un intercambio de gases, de modo que se lleven a cabo las últimas transformaciones a nivel químico en las resinas.  Hasta llegar al punto, bajo nuestro punto de vista. En relación a la combinación del efecto psicoactivo, aromas, sabores y combustión. Momento para recopilar nuestro stock, para que se mantenga el mayor tiempo posible.

El Curado

Este procedimiento es más sencillo de hacer, en comparación al del secado. Para realizarlo se requiere de algún tipo de recipiente opaco y con sellado hermético. Tomaremos las ramas secas, y con mucho cuidado iremos separando cogollo por cogollo. Introduciéndolos en el recipiente sin apretarlos. Un frasco de cristal opaco, con tapa hermética puede ser útil. Algunos prefieren hacer un intermedio entre secado y curado, dejando la cannabis unos días en cajas de madera. Antes de traspasarlos a los frascos, lo cual es válido. Siempre y cuando se tenga la precaución, de no usar maderas aromáticas en exceso. Como por ejemplo el cedro, ya que tienden a “impregnar” su aroma en la hierba.

Una vez que están los cogollos en el frasco, este se cierra y se guarda en un lugar oscuro. Como aún se necesita un ligero aporte de oxígeno y humedad para que se den lugar las últimas reacciones químicas en los cogollos, abriremos el bote una vez por día durante algunos minutos, para volver a cerrarlo y guardarlo transcurrido ese tiempo.

El tiempo del curado es subjetivo, pues cada individuo tiene gustos diferentes. La mejor forma de saber cuándo la cannabis está en su punto, es haciendo catas periódicamente. Por lo menos, una vez por semana. Así se notarán los cambios aromáticos, y las variaciones en la psico actividad. Llegará el momento, en el que estos factores determinen si es de nuestro agrado. Es un hecho que, al abrir constantemente los frascos, también continuarán los cambios en el interior. Por lo que es momento para almacenar.

El Almacenaje

Al llegar este momento, lo que se busca es que la cannabis se conserve largo tiempo. En óptimas condiciones, cuando decidimos que el curado estaba completado. Por lo que se necesita almacenar, de modo que ya no haya presente intercambios de gases.

Lo más fácil es el envasado al vacío. Existen diferentes sistemas para este fin, que utilizan bolsas o botes. Pero mostraremos una forma sencilla de transformar los frascos utilizados, para curar frascos al vacío. Es simple, se requiere comprar en la farmacia, unas válvulas de triple vía. Como las que se utilizan para los sueros. Son económicas y fáciles de conseguir. También usaremos una jeringa grande de uso veterinario.

Se quita la tapa del frasco, se le hace un agujero al centro. Se inserta en él la parte de debajo de la válvula y se sella con silicona. Después de transcurrir el tiempo necesario, para que la silicona seque y pierda su aroma que lo caracteriza. Se coloca la tapa en el tarro. Posteriormente a través de la boca de salida de la válvula, se extrae el aire con ayuda de la jeringa. Con este procedimiento, se pueden conseguir niveles de vacío del 90% o más. Con la ventaja de que después de abrir el frasco, para extraer la cannabis. Se pueda volver a repetir el vacío, sin ningún problema.

De fácil manipulación

Si bien es cierto, el proceso más eficaz es la sumersión en algún gas inerte como el nitrógeno o el argón que traslade todo el oxígeno del contenedor. Pero su adquisición, es más costosa y difícil. Además, de que se complica la manipulación.

Por último, una vez que los frascos están al vacío, se deben guardar en un sitio fresco y oscuro. A una temperatura constante de por lo menos unos 5° centígrados, pueden conservarse intactos durante años. Los preciados cogollos que allí almacenamos.

Fuente: elcultivador