Cannabis, Cultivo, Historia

¿Conoces la diferencia entre índicas y sativas?

Para hablar de los diferentes tipos de la cannabis, es necesario remontarse algunos siglos atrás en la historia. La cannabis, es originaria de China. Se extendió por todo el mundo junto al ser humano, ascendiendo en distintos escenarios, climas y geografías.

En ese esparcimiento lejos de su territorio natural, la cannabis progresó creando resina con contenido psicoactivo en cierto tipo de climas. Así mismo, también como planta, sin altas propiedades psicoactivas en otros.

Así como existen otras variedades de la cannabis, también coexisten variedades de cáñamo con diversas características.

Además, asociada a la vida diaria de múltiples pueblos, la cannabis también consiguió distintos alias.

Denominar a la cannabis

El primer inconveniente con el sobrenombre de la planta, que hoy denominamos la “Cannabis”. Alcanzó muchos siglos más tarde; en 1753, Cuando Carlos Linneo; publicó Species Plantarum. Conteniendo a la cannabis entre las 7.300 variedades vegetales, detalladas en el libro.

La nombró Cannabis un término en latín, pero afín a otras palabras en miles de idiomas. Como konoplya en ruso, kunibu en sumerio o kanab en persa.

Hasta la categorización de Linneo, que más tarde fue la base de la clasificación moderna. No constaba un término “estándar” para la planta. Que se dominaba y se usaba, en cientos de territorios y culturas diversas.

Sin embargo, Linneo catalogó y nombró, una variedad de cáñamo silvestre de Europa. Sin pertenencias psicoactivas y más competentes, para el uso industrial; que cultural o medicinal.

El vocablo de la cannabis

En el repertorio binomial proposición de Linneo, la Cannabis sativa simboliza “cannabis cultivado o cultivable”.

Además, treinta años más tarde; en 1783, Jean Baptiste Lamarck planteó el vocablo cannabis índica para detallar a las variedades de la cannabis. Distintas a las europeas y empleadas para uso medicinal y rituales en la India.

Así provino la primera partición entre variedades de la cannabis: 2 especies diferentes de la misma clase.

En 1924, surgió un nuevo integrante de la estirpe de la cannabis, descubierto en Siberia por el botánico ruso Dmitri Janischevsky. Denominada ruderalis.

El término distingue a una clase de plantas, que prospera en Rusia, Siberia y Asia central. Cuya característica sustancial, es florecer libremente del fotoperiodo. Además de una minúscula creación, de cannabinoides psicoactivos.

La prohibición de la cannabis se acusó cuando esos tres nombres (Cannabis Sativa, Cannabis Índica y Cannabis ruderalis), ya formaban parte de la expresión científica.

Uno de los instrumentos creados por la ilegalidad de la planta, fue el origen de circuitos encubiertos de cultivo de la planta. Se trató del germen, de la cultura cannábica.

Inconvenientes nuevos

A partir de entonces las designaciones, comenzaron a canjear el ritmo de la popularización de la cannabis.

Se catalogó como “índicas”, a las variedades oriundas de Asia central, Medio Oriente y norte de África. Pero también a las plantas de distribución compacta, hojas anchas, floración corta y efectos sutilmente sedantes y pesados.

Por otro lado, la “Sativa” quedó reservada para todas las demás variedades de hojas más finas, habitualmente descendientes de los trópicos. Con floraciones extensas y distribuciones abiertas de gran tamaño.

Con la estampida del cultivo actual, nacieron las primeras mezclas y el plano genético de la planta de la cannabis. Se forjó, aún más confuso.

El cruce de variedades “sativas” con “índicas”, ambas procedentes del mercado ilegal. No fue algo premeditado, sino más bien fruto de las regiones. Donde los cultivos ilícitos de la cannabis, fueron aptos. Por conocimientos tanto geográficos como geopolíticos.

Principal distribuidor

Lo exclusivo de la cannabis, es que se despliega de forma óptima; entre las líneas de los trópicos. Al mismo tiempo esa cenefa climática, concuerda con países que frecuentan establecer sus economías; en la transacción de recursos a potencias manufacturadas.

Así fue como Colombia, además de abastecer café a los Estados Unidos de manera legal, fue el principal distribuidor de la cannabis ilegítimamente.

Del otro lado del atlántico, la economía de los países africanos como Marruecos, obedecen en gran medida de la remesa de hachís a Europa.

Cruzado todo este laberinto botánico, económico y geopolítico, llegamos a la actualidad. Hoy dialogamos de variedades, con definidos porcentajes de particularidades índicas o sativas.

Al hacerlo, deducimos que representan a genomas definidos, provenientes de diferentes partes del mundo. Con “conductas” desiguales y exclusivas como la celeridad de la floración o la estructura.

El mejor ejemplo es el Skunk, uno de los primeros híbridos: una variedad afgana, “índica”. Cruza de una mexicana y una colombiana, “sativas”. En el universo cannábico, es un cruzado 75% sativa, 25% índica. Aunque exactamente sería, algo más como 66.6% contra 33.3%.

El misterio genético

Ya en el siglo XXI, con la prohibición enmohecida, la ciencia rescató el beneficio de la cannabis. De igual forma las nuevas tecnologías, cedieron el hallazgo de nuevos cannabinoides.

Así mismo, se desplegaron estudios genéticos, para establecer el comienzo y descendencia de las variedades hoy monopolizadas.

A partir del incremento del uso medicinal, nació la necesidad de distinguir las variedades, genéticas y cruces desde otra perspectiva.

Ya no sólo es significativo, cuánto tarda la floración y la altura que puede conseguir una planta. Sino que se torna clave conocer el perfil exacto de los cannabinoides y sustancias similares, es decir su quimiotipo.

En el caso de la cannabis, esto es un poco más lioso, ya que intercede además del THC otros cannabinoides como el CBD y CBG o las sustancias gaseosas aromáticas como terpenos y sesquiterpenos.

La región recomendable de crecimiento de la cannabis, es entre los trópicos de Cáncer y Capricornio.

Variedades caracterizadas

Se conoce también de la calidad del efecto séquito, la mixtura de estas sustancias y sus efectos sobre diversas investigaciones.

Comparablemente la reglamentación, en muchos sectores del mundo. Se volvió más fácil los procesos de testeo, como la cromatografía. Que permite una tipificación única, de los módulos que posee un ejemplar de cogollos o extracciones.

De esta forma se pudo empezar a diseñar un nuevo plano de la cannabis, esta vez modelado por el perfil de los cannabinoides. Y una vez más brotaron las confusiones, en las designaciones.

Un claro ejemplo, es el proyecto Connect de la empresa de tecnología aplicada a la cannabis Confident. En una interface 3D, las variedades están congregadas y relacionadas. De acuerdo a los efectos de su testeo, en los laboratorios. Con aspectos y conjuntos de sustancias consideradas.

La herramienta 3D Connect, de la empresa Confident. Consiente visualizar las variedades por su proximidad genética.

De esta forma se consigue estimar variedades, que pueden tener efectos equivalentes debido a sus quimiotipos. Pero también, se puede advertir que diversas variedades típicamente caracterizadas. Como “índicas” o “sativas” tienen en contexto, mucho más en común que otras.

Probablemente estemos ante una nueva era, donde las variedades definitivamente, se designen por su obtención de compuestos activos o se constituyan parentescos cercanos. Entre variedades que creíamos apartadas. Con la cannabis, ya lo notamos, todo es viable.

Fuente: revistathc