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El hachís… una seducción cannábica

Exótico, aromático, milenario, aparte de las flores secas, el hachís es uno de los métodos más antiguos que se utilizaban para disfrutar las propiedades del cannabis.

Hay muchas formas de nombrarlo, pero principalmente se compone de la resina que se extrae de las plantas y se amasa.

Aunque la primera reseña de la palabra “hachís” surge en el siglo XII y fue utilizada para describir de manera despreciativa a los musulmanes nizaríes (“comedores de hachís”). Se entiende que el ser humano conoce las cualidades medicinales y psicoactivas de la resina de la cannabis, desde hace miles de años atrás.

Casi en paralelo, en Oriente Medio y Asia se realizan dos técnicas completamente diferentes para obtener la resina de las plantas.

Mientras en Afganistán, Pakistán, Marruecos o Líbano se tamizan las plantas ya secas y curadas, en la India y Nepal se elabora con plantas vivas, solo frotando los cogollos.

Chocolate o hachís

No se trata solo de una diferencia en la técnica, en los países árabes y Asia Central, las plantas en su mayoría son variedades índicas que se secan al sol y se zarandean en bateas con mallas.

El resultado es el “polen” o polvo dorado, tricomas desprendidos que luego de ser amasados se transforman en “chocolate” o hachís. Su olor habitualmente es terroso, con un penetrante aroma a resina, maderas o chocolate y los resultados suelen ser físicos y relajantes, como suele pasar con las variedades índicas.

Por otra parte, el hachís elaborado con plantas vivas conocidas en la India como “charas” que contienen más cantidad de elementos aromáticos y cannabinoides ácidos, por lo que su efecto es más liviano, además de que en algunas partes se usan plantas con especie sativa.

Continuando con el origen de la planta, de China hacia Europa, Occidente, se enteró de las características del hachís gracias a los viajes de Marco Polo, alrededor del siglo XIV.

Ya para entonces, el hachís estaba relacionado a la leyenda de los hashishins, los aparentes asesinos persas que cubiertos en humo se le ofrecía el paraíso a cambio de liquidar por su maestro y señor, Hasan bin Sabbah.

No obstante, la historia es tan agradable como densa.

Hashish: Hierba seca

Se especula que el hachís nació por la necesidad básica de contraer volumen y peso al extraer de la enorme materia vegetal los principales activos.

Más tarde se tornó en una forma de preservación e incluso existen cambios químicos, parecidos a la madurez de un vino pero sin fermentar. Que acontecen en las bolas o tabletas de hachís amasado cuando son almacenadas por un tiempo, que puede variar entre meses y años.

Al elaborar una masa, sólo se oxida la parte exterior (que cambia a un tono más oscuro), mientras el interior se conserva intacto.

Suele pasar que el hash se vea añejo y no prenda bien, o que haya sido mal almacenado. Pero es una regla que suele conservarse largos períodos en mejores condiciones que las flores.

El conflicto para indagar el origen de esta técnica de extracción reside en que la denominación actual “hashish” (tomada de la lengua original) tiene diversos significados, uno de ellos “hierba seca”.

Hashish al harafish: Hierba de los canallas

Cuando comenzó a utilizarse esta denominación para discutir sobre la resina ya extraída, es incierto, pero hay múltiples remembranzas antiguas de la cannabis, en los tratados chinos de medicina del Siglo I, en el Atharva Veda de los hindúes, en textos de los escitas del siglo IX a.C. y hasta de los egipcios.

El inconveniente es que no se conoce a ciencia cierta si consumían flores o hash. El kif marroquí, por ejemplo, es una composición de flores molidas y resina que se fuma en largas pipas, de poca carga.

Otros escritos señalan, que también es probable que hachís fuera un incienso resinoso que encendían los persas y otros pueblos en ceremonias y rituales.

Rhazes, el gran médico árabe sugería la cannabis para dolencias tan diversas, como la epilepsia y la melancolía grave.

Determinaba varios tipos de hierba: era favorita de las clases bajas de la sociedad (campesinos, esclavos, trabajadores temporales) y por ello, la llamaba hashish al harafish “la hierba de los canallas” pero era hashish al-fokora cuando se utilizaba con fines religiosos.

Entre los diferentes psicoactivos de los romanos, existía también cannabis. En un edicto del año 301 de Diocleciano en donde se encontraron los precios de varios artículos de consumo como el opio y el hash.

La Herencia de Napoleón

En el siglo XVIII, las tropas francesas que colaboraron en la campaña de Napoleón a Egipto, conocieron el hachís en los países musulmanes. Los soldados lo acogieron para sustituir las insuficientes bebidas alcohólicas, prohibidas en las naciones islámicas. Una de las primeras prohibiciones del uso de la cannabis fue expresada por Napoleón en 1798.

Para mediados del siglo XIX, el “club de los hashishins” en París, Francia añadía a los escritores Alejandro Dumas, Baudelaire, Balzac, Víctor Hugo y Gérard de Nerval entre otros, quienes se congregaban a experimentar los efectos del hachís.

De igual manera, se fue haciendo popular su uso en medicinas anestésicas y para distintas enfermedades, hasta principios del siglo XX, donde fue cambiado por otras sustancias y en pocos años vino la prohibición.

Mezcla de variedades

En los años de 1960 y 1970, con los viajantes norteamericanos y europeos que transitaron Oriente y Asia, el hachís regresó al origen de la escena cannábica, no tanto como un extravagante gusto sino también como una propuesta de genéticas recientes.

Fue un suceso central la detonación del cultivo: la mezcla de especies sativas de larga floración, traídas del mercado negro norteamericano con especies índicas descendientes de países productores de hachís. Fue el golpe inicial para poder plantar cannabis dentro de un armario o bajo techo.

Los métodos para extraer hachís pasaron por una revolución innovadora, con el uso de mallas para extraer con agua fría. De la mano de fundadores como Mila Jensen en los años 80 y operarios de la extracción y el amasado como Frenchy Cannoli.

Posterior y más adelante, hubo desde máquinas automáticas de uso comercial, hasta picadores de mano con separaciones. El amor por la resina obtuvo un lugar definitivo en el corazón de la cultura cannábica.

Fuente: revistaTHC

Un pensamiento en “El hachís… una seducción cannábica

  1. Excelente proyecto. Felicitaciones

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