Cultura

La germinación de la industria… Cuando nadie sabía, ellos aprendieron

Esta es la leyenda de los inicios de los bancos de semillas y la crianza moderna de variedades de cannabis, de cómo algunos pioneros y visionarios fueron capaces de ver el potencial que tenía la planta de cannabis. Ellos crearon la marihuana moderna, hibridaron razas de lugares lejanos y crearon nuevas y fantásticas variedades. Explicaron cómo obtener cogollos sin semilla, desarrollaron el cultivo moderno de interior y la reproducción por esquejes. Cuando nadie sabía, ellos aprendieron. José T. Gállego

La prohibición del cannabis ha condenado a varias generaciones de consumidores a vivir su afición en la clandestinidad y por ello no han quedado registros de casi nada. Es una historia llena de lagunas y contradicciones, tan salpicada de leyendas que resulta difícil saber dónde acaba la realidad y dónde empieza el mito. Un amigo estadounidense, periodista y cannábico hasta la médula, me resumió su visión de la historia de las modernas variedades de cannabis y sus criadores con las siguientes palabras: La cuestión es que la DEA, el FBI y la CIA infiltraron completamente toda la movida cannábica de los años 60 y 70, no se puede explicar la historia sin tener eso en cuenta.

Muchos se volvieron topos, los demás cayeron u operaban en la más absoluta clandestinidad. La cuestión es que la mayoría de los detalles no existen, fueron mitos desde su concepción, mentiras por la necesidad del contexto, unos porque eran topos, otros para no caer y para protegerse a ellos mismos y a sus amigos. Por eso cualquier incursión en esa historia es entrar en terreno mitológico.

California en los años sesenta Nuestra historia comienza en Estados Unidos en los años sesenta cuando comenzó a popularizarse el consumo de marihuana entre los jóvenes americanos. La mayoría de la hierba que se vendía en el país provenía de México y Colombia. Casi siempre llegaba cargada de semillas por lo que algunos consumidores empezaron a sembrarlas, sobre todo en California, donde el clima cálido permitía una temporada de cultivo más larga.

Durante los años setenta los hippies viajaron por todo el mundo fumando hierba y propagando su mensaje de amor y paz. De regreso, muchos trajeron semillas de las variedades que habían estado fumando en la India, Tailandia, Sudáfrica, Nepal, Paraguay, Malawi, Nigeria, Filipinas, Congo o Laos. Ya en casa, sembraron las plantas y empezaron a realizar cruces entre las que más les gustaban creando nuevas variedades híbridas.

La cultura cannábica empezaba a despegar; en 1974 apareció la revista High Times que enseguida alcanzó una tirada de 300.000 ejemplares mensuales y se convirtió en la revista de cabecera de todos los cultivadores. El principal problema al que se enfrentaban aquellos cultivadores era que las variedades sativas que sembraban necesitaban demasiados meses para madurar y la mayoría no estaba lista hasta noviembre o diciembre, demasiado tarde para el clima californiano.

Todo cambió cuando empezaron a llegar variedades afganas y pakistaníes de floración rápida que se podían cosechar en octubre. De repente, era posible cultivar marihuana con relativa facilidad. El inconveniente de las variedades índicas era que no tenían un efecto psicoactivo tan creativo y estimulante como las sativas. En
un intento de aunar las características de crecimiento de las variedades índicas con el efecto psicoactivo de las sativas, algunos cultivadores empezaron a hibridarlas.

Otros pioneros intentaron cultivar cannabis en interior con luces artificiales, por su seguridad y para poder controlar el clima. Hacia 1970 Mel Frank, el famoso escritor cannábico intentaba cultivar en interior en su apartamento de Nueva York y se enfrentaba a problemas que hoy en día resultan cómicos, pero que entonces parecían irresolubles: “estaba cultivando mi primera cosecha con fluorescentes y añadí unas cuantas luces incandescentes pero las plantas seguían creciendo y no empezaban a florecer.

Fue por casualidad que empecé a reducir las horas de luz, para ver si podía hacer que les pareciera menos verano. Cuando llegué a 14 horas diarias de luz, empezaron a florecer”. De Jingles a Sacred Seeds Cuenta la leyenda cannábica que uno de estos primeros híbridos fue el que realizó un tal Jingles, que en 1969 cruzó
una hembra de Colombian Gold con un macho afgano. Durante varios años fue cultivada por diferentes cultivadores de las colinas que rodean la bahía de San Francisco. Entre ellos estaban los integrantes de Sacred Seeds, un grupo de cultivadores pertenecientes a distintas comunas de la zona que decidieron estabilizar la variedad a la que llamaban “Skunk”, por la semejanza entre su olor y el de un zorrillo.

Los integrantes de Sacred Seeds se tomaban su labor muy en serio. No era fácil entrar a formar parte del colectivo ya que se requería la recomendación de alguno de los miembros principales. Además, todos los nuevos integrantes debían trabajar obligatoriamente con líneas más tempranas de la variedad para familiarizarse con ella. Año tras año, se sembraban cientos, sino miles de semillas y se escogían las mejores plantas para cruzar.

Trabajaban con varias líneas de la variedad seleccionadas con distintos criterios. El objetivo era ir estabilizando la variedad sin reducir su riqueza genética. Sam the Skunkman Se cuenta que los miembros principales de Sacred Seeds eran seis y, entre ellos estaban Sam the Skunkman, Mendocino Joe y Maple Leaf Wilson.

Los tres han tenido un papel importante en la historia del cannabis, al igual que otro californiano, Robert Connell Clarke, autor de Marihuana Botany y Hashish!, dos de los mejores títulos escritos sobre el cannabis y amigo y socio de Skunkman.
Sin embargo Sam afirma que no había ningún colectivo de criadores detrás de Sacred Seeds Company y que las variedades que se vendían eran suyas, que fue él quien desarrolló Skunk y que llevaba vendiendo la variedad desde 1976. Incluso hay quien afirma que Jingles era otro de sus apodos.

En 1981 apareció el primer anuncio de venta de semillas de Sacred Seeds. En él se ofrecía un completo surtido de 28 variedades, entre razas puras e híbridos y agrupadas por sufecha de cosecha: variedades de octubre, noviembre, diciembre y enero.

Entre las que maduraban en octubre estaba Skunk#1 y Skunk#2, además tres líneas de afganas. De cosecha en diciembre ofrecía hasta cuatro líneas distintas de Original Haze (conozco a más de un cultivador que pagaría el sueldo de un mes por conseguir un paquete de Original Haze del 81), tres variedades del Sur de la India y una docena de híbridos, por lo general entre sativas tardías y plantas más tempranas (afganas, nepalíes o africanas) aunque también tenían algún cruce hipersativa como Thai Haze/South Indian. Para los amantes de las sativas más extremas vendían la New Years Haze, que no estaba lista hasta enero.

Los precios eran caros, entre uno y cinco dólares por semilla, pero los cultivadores los pagaban encantados de poder acceder a plantas potentes.

Los criadores de Sacred Seeds iban mejorando la Skunk generación tras generación, estabilizando la variedad y corrigiendo los defectos que veían. Por ejemplo, incluyeron genes de Acapulco Gold en la Skunk de Jingles para aumentar el ratio de cálices/ hojas y reducir algo el tiempo de floración. Con la llegada de las variedades afganas a California también apareció la temible botritis, un hongo capaz de destruir las plantas en pocos días, especialmente las índicas.
Entonces Sacred Seeds se pone a buscar una afgana resistente a la botritis con la que reforzar sus líneas de Skunk.
Skunk#1 fue el primer híbrido índica/sativa en ganar popularidad ya que aunaba lo mejor de ambos mundos. Ed Rosenthal lo resumió así, “la planta revolucionó absolutamente el cultivo. Era revolucionaria porque era una planta controlada.

La altura estaba controlada, era estable, era potente, maduraba en menos tiempo que otras variedades y me encantaba cultivarla” Redada en Sacred Seeds En 1982 la policía arremetió contra Sacred Seeds, irrumpió en un cultivo y detuvo a Sam.

La redada de la policía disolvió Sacred Seeds. Mendocino Joe se marchó a Vancouver donde siguió cultivando y seleccionando sus propias variedades, entre las que destaca Romulan, una índica que se convirtió en un clásico entre los cultivadores canadienses. Sam, por su parte, recogió las semillas que había salvado y se mudó a Holanda para fundar Cultivator’s Choice.

En sus maletas llevaba muchas semillas, variedades puras de Tailandia, México, Colombia, Afganistán o Sudafrica y variedades híbridas desarrolladas en Estados Unidos como Early California, Early Girl, Original Haze, Afghan#1, Hindu Kush, Hawaian Indica, California Orange y, por supuesto, Skunk#1 y Skunk#18.2 (una línea de skunk especialmente seleccionada por su resistencia a las plagas y enfermedades, sobre todo la temida botritis que tanto afectaba a las variedades afganas). Holanda y la libertad En Holanda el consumo de drogas de todo tipo había ido aumentado considerablemente desde mediados de los años sesenta.

Los Provos, un grupo de jóvenes agitadores que buscaba el cambio social por medio de iniciativas trasgresoras, había reivindicado el derecho a cultivar cannabis. Abrieron en Ámsterdam el Afrikaanse Druk Store, donde además de marihuana vendían plantas de cannabis a bajo precio.

Otra de sus iniciativas fue establecer un premio a quien más veces fuera detenido fumando porros. La ministra de salud e interior, Irene Vorink, llegó a la conclusión de que era normal que los jóvenes experimentaran con el sexo o las drogas como parte de su periodo de maduración, pero que había que intentar reducir los riesgos en lo posible.

Dado que el cannabis era una sustancia que causaba muy pocos problemas, sugirió a las autoridades que dejarán de perseguir su consumo y la venta de pequeñas cantidades. En 1975 el parlamento introduce la política de tolerancia con las drogas blandas, permitiendo incluso que se usaran los centros de juventud existentes para comprar, vender y consumir el cannabis.

En 1973 Wernard Bruining, junto con varios amigos, había abierto el Mellow Yellow, el primer coffeshop de estilo moderno situado en una vieja panadería okupada. Vendían hachís importado y les fue muy bien hasta 1978, cuando un incendio destruyó el local. En lugar de reconstruirlo, Wernard se marchó de viaje a Estados Unidos, conoció a muchos cultivadores y entre ellos hizo amistad con Old Ed. Los cogollos sinsemilla de alta potencia que cultivaba Old Ed maravillaron a Wernard, entonces convenció al viejo cultivador de que le acompañara de vuelta a Holanda.

Wernard empezó a importar a Holanda cogollos cultivados en Estados Unidos con una potencia y calidad nunca vistas en Europa.

Wernard Bruining es otro de los personajes importantes en los inicios de la industria cannábica holandesa, capaz de innovar constantemente e inventar nuevos negocios. En 1980 fundó Lowlands Seed Company, el primer banco de semillas europeo que vendía las semillas de Ed: variedades americanas y nuevos cruces capaces de madurar en el clima holandés. En 1986, Wernard creó Positronics, un growshop especialmente dedicado a los cultivadores de cannabis: tenía catálogo de semillas y esquejes, todo tipo de luces de cultivo, su propia línea de abonos y hasta un restaurante.

Aunque desde 1970 había cultivos comerciales de marihuana, el producto obtenido no era muy potente, ya que sembraban variedades sativas de floración lenta incapaces de madurar correctamente en exterior en el clima holandés. Ben Dronkers de Sensi Seeds, lo explicó así: “En 1978, alguien trajo a Holanda por primera vez cogollos de calidad americanos y se estableció un nuevo estándar.

Las primeras semillas buenas de Estados Unidos llegaron en 1980. Los ochenta vieron la aparición de Lowlands Seed Company, The Seed Bank, Super Sativa Seed Club y Sensi Seed Club. Los esfuerzos periodísticos de Ed Rosenthal permitieron que los criadores comenzaran a comunicarse entre ellos, intercambiando información y genéticas.

Las primeras plantas que se cultivaron en los invernaderos holandeses en 1985 fueron variedades desarrolladas en Estados Unidos como Skunk#1, Early Pearl, Original Haze, Northern Lights y Holland’s Hope. Esto revolucionó el mundo del cultivo y el consumo”.

Otro americano en Ámsterdam Nada más establecerse en Holanda en 1984, Sam the Skunkman comienza a vender semillas a través de su nuevo banco, Cultivator’s Choice. Sam escogió este nombre porque así se llamaban los premios de los famosos Festivales de la Cosecha que tenían lugar en California durante los años setenta. Al igual que con las semillas de Old Ed, las genéticas de Sam causaron sensación.

La ley holandesa llegó a permitir a Sam trabajar legalmente con cannabis, por lo que podía sembrar tranquilo en busca de plantas sobresalientes. Sam refinó muchas de las variedades originales que había traído y seleccionó un gran número de padres y madres para emplear en sus cruces. Algunas de estas plantas han sido absolutamente fundamentales en el desarrollo de las variedades modernas de cannabis y se cuentan por cientos las variedades actuales que contienen algunos de sus genes.

Para finales de los ochenta el negocio del cannabis había dado un vuelco completo. La producción de marihuana a partir de esquejes empezó a desbancar a la importación de hachís conforme la potencia y la calidad de la hierba holandesa aumentaba. Desde la década de los noventa, las ventas de cogollos superaron a las de hachís. Actualmente se venden unos dos gramos de marihuana por cada gramo de hachís.
Y llegó Neville En 1984 había entrado en la historia un nuevo personaje que acabaría teniendo una importancia capital: Neville Schoenmaker. Llegó a Holanda a principios de los ochenta, sin dinero y enganchado a la heroína, huyendo de una orden de detención de la policía australiana y sólo cinco años después, High Times lo calificaba del futuro “Rey del Cannabis”.

Neville había nacido en Australia en una familia de origen holandés. Durante su adolescencia fue un chico muy problemático al que echaron de varios colegios. Se enganchó a la morfina mientras trabajaba con un veterinario y no tardó en pasarse a la heroína. Tras su primera detención por posesión, fue enviado a un hospital psiquiátrico durante seis semanas para desengancharlo del caballo, pero no lo logró.

Cuando salió, se dedicó a traficar con marihuana que trasportaba en unos altavoces con la excusa de que tenía un grupo de música. Las cosas no le iban mal y llegó a ganar 5.000 dólares a la semana, pero la buena racha no duró. Le vendió cannabis a una chica que acabó siendo arrestada y que le delató como su proveedor. La policía le detuvo y, mientras esperaba el juicio, se metió en un nuevo programa de desintoxicación.

El juicio no pintaba bien, y temiendo una larga condena Neville se escapó a Tailandia. Durante varias semanas vivió en un hotelucho de Bangkok inyectándose heroína a todas horas hasta que se quedó sin dinero. Se fue del hotel sin pagar y se mudó a otro. Consiguió aguantar un tiempo pero acabó llamando a sus padres para que le enviasen un billete de avión de vuelta a Australia. Su madre le dijo que la policía se había presentado con una orden de arresto contra él y que no debía regresar. Decidieron mandarlo a Holanda, donde Neville tenía un tío viviendo en el campo.

Neville estaba tan enganchado a la heroína que se apuntó a un programa de metadona en cuanto llegó a Holanda. Durante seis meses consumió 24 pastillas diarias de metadona. Sobrevivía gracias a un subsidio del gobierno, pero no conseguía dejar los opiáceos. Se mudó a vivir a la ciudad del Tilburg, donde se concentraba la mayor parte de los heroinómanos holandeses, una decisión un tanto peculiar si su intención era dejarla. Sin embargo, contra todo pronóstico, lo consiguió.

Harto de los programas de desintoxicación decidió desengancharse él sólo, lo contó en una entrevista: “Me quedé en casa y sufrí durante seis semanas hasta que llegué al punto en que podía admitir el alcohol. Entonces empecé a beber cada día, media botella de escocés por la mañana, media botella por la noche. Consumía “ludes” (metacualona, similar a un barbitúrico) para dormir (…). Al final acabé harto de las resacas y me pasé a la hierba. Decidí que era, probablemente, la única droga aceptable.”

Aunque Neville había vencido su adicción en solitario, los servicios sociales de Holanda le iban a ayudar de un modo que hubiera sido impensable en cualquier otro país del mundo. Neville pidió una subvención para montar un cultivo de cannabis de interior, y el gobierno se la concedió, gracias a un programa de reinserción de adictos que les ayudaba a empezar un negocio con la esperanza de que hicieran algo útil con sus vidas. Montó un pequeño cultivo con fluorescentes y sembró semillas nigerianas, mexicanas y colombianas.

Como no vendía la hierba fácilmente, por su baja calidad, empezó a hacer aceite de cannabis con éter de petróleo, un disolvente extremadamente inflamable. Una chispa fue suficiente para que 50 litros de éter se prendieran y Neville tuviera que saltar por la ventana y acabara en el hospital con numerosas quemaduras.

The Seed Bank En 1984, decidido a ganarse la vida sin tantos riesgos, envió un anuncio de venta de semillas a la revista High Times. Aquella fue una decisión muy atrevida por parte de Neville, The Seed Bank fue el primer banco en anunciarse en la famosa revista cannábica y vender semillas internacionalmente. El atrevimiento le saldría caro.
Al principio llegaban pocos pedidos, pero las ventas fueron aumentando. Neville buscaba nuevas semillas para sembrar y en 1985 hizo un viaje a Pakistán. Allí entró en contacto con refugiados afganos que habían huído del país tras la invasión soviética, y logró que le vendieran dos kilos de semillas de variedades afganas que fueron a buscar hasta Mazar-i-Sharif, cuna del mejor hachís afgano.

En marzo de 1987 High Times publica un artículo sobre Neville y su banco de semillas que iba a causar muchos problemas. Las fotos de aquel australiano contando fajos de dólares americanos, enviados en los cientos de pedidos de semillas que recibía de Estados Unidos, dejaron en evidencia a las autoridades americanas.

Ya en aquella época Neville demuestra una gran intuición para la crianza del cannabis. Había viajado a la frontera entre Rusia y Hungría en la búsqueda de Cannabis Rudelaris, una subespecie autofloreciente aunque muy poco psicoactiva. Neville ya intuía la posibilidad de desarrollar variedades psicoactivas autoflorecientes y predecía sus características con una precisión asombrosa: “La variedad de cannabis definitiva: una marihuana bonsai potente, válida para interior y exterior, que madura en dos meses y nunca supera los sesenta centímetros de altura.

Sería casi imposible detectar las plantas desde el aire y pasarían años antes de que la DEA las descubriese” Explosión de genéticas Desde mediados de los ochenta empiezan a aparecer genéticas desarrolladas en la zona noroeste de la costa del Pacífico de Estados Unidos.

Seattle y Portland se estaban convirtiendo en la meca de la crianza cannábica con variedades como Northern Lights, Big Bud y Hash Plant. Neville, Sam Skunkman, Old Ed y el resto de criadores que trabajaban en Holanda se hacen rápidamente con esquejes y semillas de todas estas variedades y los empiezan a utilizar en sus propios híbridos. Por ejemplo, en 1987 The Seed Bank presenta las primeras semillas de Big Bud y Hash Plant.
Ambas plantas eran esquejes muy apreciados por los cultivadores de interior de Estados Unidos, pero que no estaban disponibles en forma de semilla. Neville las cruzó con un macho de su famosa Northern Lights #1 y, de la descendencia escogió el mejor macho para cruzarlo de nuevo con la planta madre original.

En 1987 la venta de semillas se había convertido en un buen negocio, los catálogos ya no son fotocopias de textos manuscritos, sino que están impresos y llevan fotos en color, además de abundante información sobre cada variedad. Ese año Henk van Dalen fundó Dutch Passion y Ben Dronkers abrió Sensi Seed Club en 1988, el mismo año en que se celebró en Ámsterdam la primera Cannabis Cup.

El ganador de la copa fue Cultivator’s Choice con Skunk#1.Tras esta primera copa sucede algo extraño. Por motivos que desconocemos, Sam the Skunkman decide venderle todas sus semillas y genéticas a Neville. Armado con su nueva biblioteca genética, el australiano se lleva la copa de 1989 con Early Pearl/Skunk #1 x Northern Lights #5/ Haze y la de 1990 con Northern Lights#5. La vida sonreía a Neville y al mundo cannábico pero, como siempre pasa, la calma precede a la tormenta.

A finales de 1990, tras ganar su segunda Cannabis Cup, Neville se marcha a Australia para visitar a su familia. Allí es detenido y acusado de enviar semillas por correo internacional. En cuanto el juez fijó la fianza, pagó y salió de prisión. Decidido a no volver a la cárcel se largó a Holanda, desde donde no podía ser extraditado, puesto que su negocio era completamente legal según las leyes holandesas. Tras el susto, cerró el Seed Bank y desapareció del mapa.

Ante la delicada situación, los bancos de semillas holandeses se pasaron a la clandestinidad y se mantuvieron ocultos hasta 1992. Ese año, Neville y Ben Dronkers unieron The Seed Bank y Sensi Seed Club para formar The Sensi Seed Bank, un nacimiento que marca el renacer del negocio y a partir del cual iban a surgir muchos nuevos bancos de semillas en Holanda, pero esa es otra historia.

Fuente: Soft Secrets (El autentico periódico de cannabis para cultivadores y fumadores desde 1985)

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