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CannabisLa marihuana y sus efectos

octubre 16, 20200

Esas viejas sensaciones que son siempre nuevas.

-Felipe Ramírez

Todo comienza a dar vueltas, lentamente. Los sonidos se hacen claros y lo hacen por separado, los oídos como
una consola de canales diferenciados donde es posible escucharlos a voluntad. Limpiamente. Cristalinamente. La piel se hace sensible y cada poro se transforma en un área específica de recepción y conexión con el universo. Los sentidos, más agudos, comienzan a producir lentamente una transformación
hacia un estado más abierto, tal vez más salvaje, de nuestros cuerpos y su relación con el mundo. Olemos mejor, escuchamos mejor.

 

¿Pensamos mejor?

Difícil decirlo con seguridad. La asociación de ideas cambia el orden al que estamos acostumbrados en la sobriedad y muchas veces vemos las cosas de otra forma, de otro modo. Como si estuviéramos en otro tiempo. O en otro país. Lloramos de la risa. Con la risa. Una risa descontrolada e incontrolable. Bajo los efectos de un payaso hipnotizador, los párpados pesan aunque no tenemos sueño. Y si lo tenemos es un sueño extraño, diferente. La boca se seca y el agua nunca supo mejor.

De pronto, el hambre: nos queremos comer el mundo. Y cuando lo conseguimos, todo sabe más intenso. Saboreamos mejor y cada bocado es un manjar. Cada olor un recuerdo. Nos vemos al espejo y la risa vuelve, vemos nuestros ojos rojos y a través de ellos contemplamos un mundo distinto. Y pasa. Todo pasa. El cuerpo se siente pesado y no hay nada mejor que una buena siesta. Larga y reparadora. Para despertarse y volver a comenzar.

 

Los clásicos

Probablemente no sea necesario decirlo en este espacio, pero todo lo anterior son algunas de las clásicas sensaciones que se experimentan tras la ingesta de tetrahidrocannabinol (THC), una molécula a base de oxígeno, hidrógeno y carbono que resulta ser el principal componente psicoactivo de la planta que nos reúne, la marihuana.

 

EL AUMENTO EN EL CONSUMO DE OXÍGENO DEL CEREBRO Y LA CONSUMICIÓN DE GLUCOSA A MAYOR VELOCIDAD PROVOCA DOS EFECTOS FÍSICOS EN EL CORTO PLAZO: UNA LEVE SENSACIÓN DE MAREO, A CAUSA DE LA MAYOR OXIGENACIÓN, Y EL CONOCIDO BAJÓN DE HAMBRE.

 

Los metabolitos del THC son de tipo lipófilo, es decir, solubles en grasa. Esto significa que después de ser metabolizado en los pulmones y/o hígado, el THC es capaz de moverse con rapidez hacia los tejidos ricos en grasa del cuerpo. Como esto incluye al cerebro, el resultado es un rápido efecto psicológico caracterizado por un aumento de las capacidades sensoriales y ensoñaciones levemente alucinógenas.

Entre las reacciones químicas inmediatas por parte del cuerpo se encuentra un aumento en el consumo de oxígeno del cerebro y la consumición de glucosa a mayor velocidad. Esto provoca dos efectos físicos en el corto plazo: una leve sensación de mareo, a causa de la mayor oxigenación, y el conocido bajón de hambre –preferentemente pero no de forma exclusiva- por cosas dulces.
También los ojos rojos. Esto se debe a que el THC actúa como vasodilatador, lo que disminuye la presión arterial.

A causa de esto, las arterias se expanden en el globo ocular, produciendo el famoso efecto colorado. Es justamente esta propiedad la razón porque la marihuana es usada en el tratamiento para las personas con glaucoma, ya que disminuye la molesta presión del globo ocular contra su cavidad.

Por otra parte, la molesta sequedad de la boca se produce porque las glándulas submandibulares, responsables de casi toda la saliva que producimos, también contiene receptores de cannabinoides, inhibiendo la producción de saliva. Hay personas que, al consumirla, se marean e incluso vomitan.

Pero esto no es una reacción química del cuerpo sino que psicológica, fuertemente relacionada con la hipocondría. Sucede que algunas personas, ante los cambios en la percepción que se tienen de la realidad,
reaccionan asustadas. Y en estos casos a veces el cuerpo puede activar mecanismos de defensa que tratan de expulsar lo ingerido, y ahí la razón del vómito.

Aunque muchos vademécums poco confiables indican a las variaciones del ritmo cardíaco como un efecto del consumo de cannabis en el sentido químico –de relación causa/efecto del THC con el cuerpo humano-, los casos de taquicardia están más relacionados con los efectos psicológicos de su consumo.

Esto porque, al contrario de lo que opina la vulgata médica anti cannabis, la oxigenación de la sangre tiende a desacelerar el ritmo de los latidos del corazón, y no a aumentarlos. Entonces, si se produce taquicardia es por una reacción psicológica ante el consumo y no específicamente del cuerpo. La duración de los efectos es variable.

 

Según indica el sabio Antonio Escohotado en la posología del cannabis de la Historia General de las Drogas, “comienza a los pocos minutos de fumar, y alcanza su cenit como a la media hora, desvaneciéndose normalmente entre una y dos horas después. Sucesivas administraciones pueden mantenerla mucho más, aunque será cada vez menos clara y más parecida a un amodorramiento. Tras varias horas de fumar, lo normal es sentir sueño y dormir profundamente, rara vez con sueños”.

Según el español, la marihuana produce, dependiendo de la persona, una especie de “polaridad básica” en el efecto subjetivo que produce. “Por una parte están las risas estentóreas, la potenciación del lado jovial y cómico de las cosas, la efusión sentimental inmediata, el gusto por desembarazarse lúdicamente de inhibiciones culturales y personales. Por otra, hay un elemento de aprensión y oscura zozobra, una tendencia a ir al fondo -rara vez risueño- de la realidad, que nos ofrece de modo nítido todo cuanto pudimos o debimos hacer y no hemos hecho, la dimensión de incumplimiento inherente a nuestras vidas”.

Esta “depresión lúcida”, dice uno de los grandes defensores de la liberación de la planta a nivel global, puede ser de gran ayuda para aquellas personas a quienes les cuesta analizarse introspectivamente.
Si bien un mal viaje puede ser desagradable, enfrentar los propios demonios de cuando en cuando puede ser mucho más recomendable que evitarlos y encontrarse con todos juntos de una sola vez. Si esto sucede el resultado más probable es una mucho más complicada depresión.

 

 

¿Sobredosis?

No existen casos documentados de sobredosis de marihuana. Un consumo excesivo de una sola vez lo que provoca es una baja de presión y sueño que lleva al consumidor a dormir.

Según relata Escohotado en su libro más célebre, “a mediados del siglo XIX se llegaron a inyectar hasta 57 gramos de extracto de líquido de cáñamo en la yugular de un perro que pesaba 12 kilos”, con el objetivo de encontrar la dosis letal de la marihuana. Y si bien el perro se desmayó como un muerto, tal como Lázaro se recuperó tras una larga siesta.

Fuente: Revista Soft Secrets

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